“Ser el arquero de Boca tiene todo esto. Cada vez que me toca jugar me tengo que volver a acostumbrar a las preguntas, a los periodistas, a la atención de todos. Y salir a la cancha como titular es muy distinto… Para mí, cada vez que juego en Boca, es como si volviera a debutar. Lo siento siempre como una primera vez. Siento cosquillas, nervios, ansiedad, ganas de que llegue el domingo ya”.
“¿Sabes lo que significa para mí todo esto? Yo sé que llego a mi casa ahora y le cuento a mi viejo que voy a atajar y se le van a caer las lágrimas, se va a emocionar el Nano. Yo sé cómo lo vive mi familia, mis amigos, se ponen todos locos. El domingo van a estar todos en la cancha. Es especial para todos”.
“No, la verdad es que todavía no hable con Caranta. Seguro que algo me va a decir, ja. Que le cuide el arco. Lo deja en buenas manos, igual. Una sola vez le fui a hablar muy en serio. Fue antes del superclásico en la Bombonera, el del empate. Hacía poquito que él había llegado. Le dije: “Acá sí hay presión”. Je, un amigo soy, ¿no? A mí me tocó atajar en un súper, el día que lo echaron al Pato Abbondanzieri, por el Apertura 06. Por eso, que se quede tranquilo, yo voy a dejar todo”.
Las ganas de Migliore



